verdad y justicia
- Pedro Ubeda
- 7 jul 2016
- 3 Min. de lectura

Existe un pasaje en los evangelios que siempre ha llamado mi atención, el que hace mención al diálogo mantenido entre Pilatos y Jesús según la narración de Juan. En un momento determinado el procurador romano pregunta: "¿Qué es la verdad?" Jesús nada responde. O estaba cansado de que no le entendiesen o se dio cuenta de que no solía explicarse con claridad o simplemente no supo responder a la pregunta, pues unos instantes antes había afirmado ser Rey: "Sí; como tú dices, soy Rey y para eso he nacido y para eso he venido a este mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz". Evidentemente el hombre no se explicaba con meridiana claridad, es más se diría que no le entendía ni el mismísimo Dios según se desprende de la falta de sintonía en los últimos momentos de su vida terrenal.
Viene esto a colación de la afirmación vertida por un amigo jesuita, entregado en cuerpo y alma a la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas americanos, el cual mantiene una tenaz credulidad en que, a pesar de los Trump, Le Pen, Erdogan, Martinelli y demás gente de mal vivir (la lista quizá por falta de espacio se quedó muy corta), "la verdad y la justicia prevalecerán". Este hombre, a pesar de todos los palos físicos y psíquicos recibidos, es un contumaz creyente en estos valores y por eso suelo recordarle que, además del mito del cristianismo existen otros más antiguos e igual de aceptables (cuando no más), como el de Pandora quien, dando rienda suelta a su innata curiosidad, dio en abrir la famosa caja encontrándose con una desbandada de males saliendo de la misma y esparciéndose a sus anchas por el amplio mundo y lo que es peor, sin posibilidad de reintegrarlos a sus aposentos. Cuando tras arduos esfuerzos logró al fin cerrar la caja pudo observar que en su interior sólo había quedado un valioso presente: ¡la esperanza! Desgraciadamente, que se sepa y sin razón que sustente tal decisión, el cofre no se ha vuelto a abrir, de hecho ni siquiera se conoce su paradero. Y claro, así nos va.
"Verdad y justicia prevalecerán". Ya. La primera ya hemos visto que ni Cristo supo definirla y lo que es indefinible es inexistente; por lo que se refiere a la Justicia hubo quien la tildó de cachondeo y tuvo sus problemas. Supongo que el que hizo afirmación tan categórica tenía buenas y fundadas razones para hacerlo, aunque por lo que a mí respecta disienta de tal aseveración al entender que el concepto responde más bien a una entelequia en el sentido más aristotélico del término. Lo que es un cachondeo es el procedimiento y el lenguaje empleado (pleno de latinajos y semántica cabalística) que la hace incomprensible a la mayoría de la ciudadanía (en otra ocasión hablaré del lenguaje de los galenos). Y ya se sabe que lo que no se comprende no se valora y lo que no se valora no concita interés. Por eso los "togados" deberían hacer y decir algo más de lo que dicen y hacen (o al menos de otra manera) si pretenden que esa señora con toga y balanza no levante arteramente la venda que le cubre los ojos... guiñando pícaramente uno de ellos.